Categorias, Derechos — 29 noviembre, 2011 4:02 am

Malos argumentos: Gays señalando que parejas del mismo sexo deberían adoptar porque hay muchos niños abandonados. Ya?

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Recientemente he leído o escuchado argumentos de ciertos gays acerca de por qué las parejas del mismo sexo (o como diría la prensa chilena “las parejas homosexuales”) podríamos adoptar hijos, cuya cimiento radica principalmente en que “hay muchos niños abandonados” y prácticamente le haríamos un favor a SENAME y a la sociedad brinandole a tales niños que han sufrido ciertas vulneraciones un hogar protegido, con condiciones suficientemente buenas, entre otras.

A mi parecer este argumento es insostenible y superficial, ya que de partida ignora y no cuestiona el gran peso de las concepciones sociales manifiestas en ideas dominantes cuando se trata de la “homosexualidad” y/o de las parejas del mismo sexo y por supuesto del discurso de lo biológico, que da cuenta de que los hijos deben provenir de un hombre y una mujer.

Tomando en cuenta estos puntos, tal argumento pareciera que no considera las concepciones centrales que suscitan las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo, que han desembocado principalmente en la marginalización, es decir, no explora el problema de la historica exclusión de estas y que por supuesto es el punto que provoca que no se nos contemple, ya sea como sujetos o parejas “dignas” y de derecho, para adoptar o tener hijos a través de los métodos que deseemos.

A pesar de que ciertos paradigmas cambien y que lo que anteriormente fuera excluido actualmente vaya a pasos para transformarse en “legal”, no implica necesariamente que se esté construyendo una nueva mirada frente a la “homosexualidad” y menos aún respecto a la “homoparentalidad”. Sabemos que hoy los niños son considerados, a diferencia de otros siglos, como sujetos de total protección y fragilidad, que deben ser cuidados en contextos “ideales” (pareja heterosexual “bien constituida”).

Es por esto que la homoparentalidad implica que automáticamente se piense en la concepción social de la homosexualidad (que aún en sus consideraciones tiene ciertos restos de patología y/o perversión), en el potencial bienestar del niño/niña en manos de una pareja homosexual y el quiebre del modelo heteronormal de la familia.

Son tres puntos esenciales a la hora de discutir la homoparentalidad y que inevitablemente surgen en el debate. Por otra parte, sabemos que todos los argumentos en contra se centran en esos aspectos (desde la perspectiva conservadora por cierto), por lo mismo, cuando se fundan los argumentos sobre el por qué las parejas del mismo sexo pueden adoptar hijos en la cantidad de niños abandonados que hay, se manifiesta una insuficiencia en todas las esferas de una reflexión sobre cuál es el lugar que se nos asigna hoy. Si lo miráramos desde la óptica propuesta respecto a la adopción, sería una lógica acorde a la caridad, es decir, estamos haciendo un favor a la sociedad, y por supuesto el deseo de tener hijos nunca ha surgido con esta finalidad. Por lo demás no se abarca la perspectiva de derecho, ni menos una política.

Por otra parte, no me parece adecuado que nos sitúen como parejas o sujetos totalmente deseosos de tener hijos y que por lo tanto, podemos hacerlo mejor que los heterosexuales, ya que estamos sujetos a ser tan malos, buenos o regulares padres como los heterosexuales. Si hay un discurso “igualitario”, debe ser para lo positivo y negativo.

Y en otro ámbito ¿cómo validamos con este argumento a las parejas o sujetos que optan por otros métodos para ser padres o madres, como la inseminación artificial? En ese caso, no habría ningún favor a una institución del Estado, ni menos tan apreciada, como una relacionada con los niños.

¿Qué pasaría entonces si defendiéramos este argumento -desde la caridad si queremos denominarlo así- como válido para adoptar o tener hijos y cometiéramos un error (y probablemente será así)? Sucederá que ya no seremos sujetos respaldados para criar hijos, porque fallamos en esta “oportunidad para cuidar niños abandonados”. Se ignora nuestra condición de sujetos de derechos y libres de discriminación.

Argumento peligroso y políticamente correcto.

 

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